Somos

El universo explorándose a si mismo.
Un sueño que se busca significado.
Un latido suspendido en el tiempo.

La vida verdadera

Vivimos durante un tiempo ciegos y mudos, sólo escuchando el ir y venir de la vida, sólo sintiendo el calor del sol y el frío de la noche actuar sobre el cuerpo que nos acoge; botón de flor crecida a través de una grieta en la banqueta.

Entonces una chispa y un suspiro nos ofrecen el don de la vista, y un nuevo mundo se devela detrás de lo que creíamos era todo; ya no sólo escuchamos los pasos y los motores a nuestro al rededor, ahora podemos ver de dónde vienen, a dónde van, leer en los rostros y en las ropas y en los parabrisas estrellados la historia más allá de la prisa cotidiana.

Y luego esa virtud de observador abstraído lleva a la realización de un poder más grande que el del hierro: la voz. Y uno habla, se escucha, se conoce, se acepta, se reclama y arranca las raíces de la tierra que lo ha nutrido tanto como lo ha contenido.

Y es así, con visión y oído, con voz y pasos resueltos, que comienza la vida verdadera, la vida que uno se busca para sí.

Una de las cosas que más me gustan de esta vida es la música. Una de las bandas que más me gustan es Stone Temple Pilots. En el último año y pocos meses se sucitaron las muertes de muchos músicos grandes, unos viejos, otros no tanto. El tres de diciembre de dos mil quince perdimos a Scott Weiland, vocalista de Stone Temple Pilots, Velvet Revolver, The Wildabouts... Uno de mis vocalistas favoritos... alguien a quien me hubiera gustado estrecharle la mano y compartir una bebida. Que su música se escuche fuerte, que su voz nunca calle.





Monstruo

Sobre ti no me gusta cantar
Eres lo más vergonzoso que soy
La cordura me abandona en ti
Cuando ardes en mi vientre me voy

Te apareces cuando todos se van
La ansiedad es alcahuete de este amor

Me importas tanto que te vuelvo a llamar
Pierdo en fuerzas lo que finjo en placer
Soy un mimo que se deja golpear
Soy un niño que quiere ser normal

Te apareces cuando todos se van
La ansiedad es alcahuete de este amor
Soy un alma que no quiere sanar
Soy un niño que no aprendió a amar

Monstruo
Monstruo
Monstruo


Un buen lugar

Hoy estoy en un buen lugar.
Mis demonios me observan desde las sombras, impotentes.
Puedo olerlos, puedo sentir sus deseos de abatirme.
Pero esta vez no tienen poder, se los he arrebatado.

El día que decidí dejar de caer,
El día terminaba y para mí era el alba
La Luna le decía "no te preocupes Sol, yo cuidaré de tus niños".
El día era domingo y mi nombre era Lodo.

Y cuando salí de mí, me pude ver:
Parado cabizbajo, mi cuerpo incrédulo de su sombra,
Un puño sucio arrugando un corazón ardiente.
La misma fotografía de nunca jamás.

Hoy estoy en un buen lugar:
Tengo lo que necesito y hago lo que quiero,
Y en especial, dejo lo que no quiero ser
Y sobre todo ello, aún anhelo volver a tus ojos.

Campeón

Nunca entendí por qué rompían conmigo
En mi mundo, me amaron como yo a ellas
Soy el campeón de los perdedores

El Gólem.

Soy un gólem.

¿De piedra? No. ¿De hielo? Tampoco.

Soy un gólem de podredumbre, conjurado por el mago de mi egoísmo.

Mi piel les puede parecer tersa a la distancia, pero si tienen la mala fortuna de acercarse lo suficiente, podrán ver que es en realidad un cascarón agrietado y que de las grietas escurren hilos delgados de muerte, de mentiras y de comedia.

Alguna vez fui humano, pero me sedujo el poder de la transmutación. Hay más de una manera de llegar a ser dios.

Mi aroma es el de una resaca épica: sexo, alcohol y miedo. Miedo a recordar, miedo a descubrir de lo que uno fue capaz.

Y ahora que tengo el poder de corromperlo todo, aquí junto a la flor que piso diario al salir de casa... Ahora me pregunto si ha valido la pena derrochar tanta lágrima para llorar tan poco. Si todo muere, ¿para qué hacer fiesta?

Pero el mayor de los cambios que sufrí con esta transformación fue en mis sueños: sólo soy yo, parado en medio de nada, siendo y haciendo todo lo que deseo. Y nadie que me pueda ver. Nadie a quien contarle que soy feliz.

Soy un gólem de podredumbre, y no me arrepiento de nada.