El amor en los tiempos de la amusia

Cuidado con su corazón y a quién se lo entregan pues aun las rosas tienen espinas y aun las manzanas pueden tener colmillos. Todos estamos en este juego sin conocer del todo las reglas, tratando de obtener el mejor resultado para nosotros y para los demás si es posible. Esto sucedió en un lugar muy lejano, hace mucho tiempo... Y se repite cada vez que dos almas perdidas se encuentran por error.
Cuenta la historia sobre un plebeyo sin mucha gracia cuyo único anhelo ha sido siempre encontrar a la hermosa doncella que lo amará como él a ella y convertirla en reina de su humilde castillo de barro. Muchas veces ha creído encontrarla, todas ellas se ha dado cuenta de su error hasta que una grieta más adorna su corazón. Y aunque cada vez duele más y cada vez es más difícil tratar de nuevo, siempre encuentra la manera de levantarse y continuar su cruzada por el amor verdadero. Juan Corazón de Porcelana conocía a una hermosa aristócrata, por azares del destino se habían cruzado sus caminos. Él supo desde el momento en que la vio que desear los labios de aquella criatura de belleza élfica era desear lo inalcanzable, pero valoraba mucho y se regocijaba en su amistad, que ya era más de lo que podía pedir dada la diferencia de estatus social. Pero estaba equivocado... Por desgracia.
La bella Ángela Groselle estaba comprometida y enamorada de un galante caballero, a quien esperaba con ansias desde hacía dos años cuando partió valiente y orgulloso a luchar una cruzada por su rey. Fue hacía ya cuatro años que el valiente Sir Olliver Fender había pedido la mano de la pequeña Ángela, estableciendo como fecha para la boda la luna siguiente a su regreso del campo de batalla. Y desde ese día contó noche tras noche, suspirando al imaginarse de nuevo entre los brazos de su prometido. Pero eso no sucedería.
Al fin las trompetas anunciaron el regreso de la caballería real, entre sus filas con heridas pero triunfante se encontraba aquel a quien tanto extrañaban algunos y tanto enviaban otros pocos. El día anterior, Ángela y Juan habían estado charlando por horas... O, mejor dicho, Ángela charlaba y Juan escuchaba, sobre lo emocionada que estaba de ver de nuevo a Olliver, de lo que le cocinaría para recibirlo, el vestido que usaría... Juan sólo escuchaba con atención y se imaginaba lo feliz que lo haría ser tan especial para alguien. Los dos soñaban despiertos, cada quien en su propio cuento de hadas.
Juan, que tenía corazón de condominio, se encontraba en La Taberna de La Raspa como de costumbre, bebiendo mientras lloraba su último fracaso amoroso. Podía haber esperado cualquier cosa menos lo que le ocurrió. Al volver a su morada, ya un poco ebrio y somnoliento, se percató de una menuda silueta que junto a su puerta se mojaba inmóvil, ocultando su rostro bajo las sombras de su capucha. Se acercó lentamente, incrédulo pero seguro que era la mismísima Ángela Groselle. Mayor sería su sorpresa al descubrir la razón de aquella visita. Le saludó, la invitó a pasar y le ofreció una manta. Aún sin decir palabra alguna, Ángela se levanta lentamente y se acerca sin titubear hacia Juan (cada vez más confundido). No recordaba una sola vez que se haya sentido tan nervioso y tan feliz al tener entre sus brazos a una mujer y, mientras seguía debatiendo consigo mismo si esto estaba realmente ocurriendo o había bebido demasiado, los labios de ella se encuentran con los suyos fundiéndose en un beso que bien pudo haber sido fugaz o eterno, para él fue simplemente el paraíso, fue lo más hermoso que había sentido jamás. Sus labios se separaron pero los brazos de ambos seguían firmemente asidos al cuerpo del otro mientras las lágrimas hacían su entrada triunfal.
Sir Olliver Fender había vuelto con una noticia importante y horrible que dar a la joven Ángela Groselle: En sus viajes había conocido y enamoradose de otra mujer. No dijo nada más, y no volvió jamás. La descepción y el dolor que sintió le afectaron más de lo que pudo darse cuenta, y sin realmente comprender lo que ocurría buscó refugio en los brazos de aquel que había estado con ella tanto tiempo, siempre fiel y amable. Buscó en él aquel amor que le había sido arrebatado sin compasión, y lo encontró sin problemas.
A pesar de saber que esto no podría terminar bien, Juan Corazón de Porcelana decidió acallar la voz de la razón y seguir sus deseos sin importar las consecuencias. Le han enseñado a tener fé, esta vez lo haría.
Las noches que pasaba con ella eran como un sueño hecho fantasía. Ver su rostro al despertar era lo más maravilloso que le había ocurrido. Cuando estaban juntos no había nada más que importara, se convertía cada quien en el escape del otro. Como era inevitable, Juan se entregó por completo desde el primer día a pesar de que ella rogaba mantener su romance en secreto, pues su padre no lo permitiría jamás. Cuando ella podía se veían aunque él no tuviera oportunidad, y muchas otras veces se quedaba esperando la nota que no llegaba en toda la noche.
Por su parte, Ángela se sentía cómoda junto a Juan, pero nadie debía saberlo... Tal vez ni siquiera él mismo. Nada más que una amistad es lo que había entre ellos... Lo que hicieran no cambiaba esto pues no ha dejado ni dejará de amar a otro hombre, ese hombre con quien se imaginaba todas las noches que pasaba con su amigo íntimo. Los dos sabían esto, pero nunca lo hablaban, era algo en lo que no les gustaba pensar. La ignorancia es dicha algunas veces.
Pero no, no puede ocultarse el sol con un dedo. Y cuando menos lo esperaban se quemaron los ojos, al darse cuenta cada quien de su realidad: Él se sinceró al fin consigo y entendió que no era más que un consuelo, un refugio para ella y no había nada más que los uniera... Se sintió usado. Ella se sinceró al fin consigo y entendió que jamás podría tener con él lo que nunca tuvo con su caballero en armadura brillante... Se sintió desnuda. Con lágrimas en las mejillas y heridas en el corazón decidieron que lo mejor sería dejar de verse, hasta que pudiera ella amar de nuevo, amar a alguien más. Por su parte él decidió esperar a que las heridas de ella sanaran, decidió estar ahí de pie esperando tomarla en sus brazos para hacerla sentir viva de nuevo.
Al cabo de nueve meses Ángela y Juan se encuentran. De nuevo la silueta junto a la puerta de aquella pequeña choza a la luz de la Luna. El corazón de porcelana latió emocionad, pero pronto se dio cuenta que algo no estaba bien al verla eludir sus labios, algo ha cambiado...
Otro hombre. Había llegado a la vida de Ángela Groselle otro hombre, un caballero de tierras lejanas que al instante conquistó su corazón. Era todo lo que admiraba de su antiguo amor, pero Sir Thomas Gibson estaba ahí con ella... Al menos esta temporada. Y con un breve y frío mensaje, la silueta de aquel fantasma desaparecía en la noche, pero estaría ahí para atormentarlo a cada instante y en todo lugar al menos hasta que encontrara una nueva mujer a quien amar.
Así, mientras él se hunde más y más en su gran tarro de cerveza barata y flores marchitas, ella continúa viviendo un sueño del que despertará tarde o temprano. Juan Corazón de Porcelana continúa buscando un amor; Ángela Groselle continúa inventándose el suyo.

Feliz navidad a todos!

No, en realidad no. -_-

Please die, Ana...

Las presiones, los temores, los amores y otras emociones mal canalizadas pueden terminar por convertirse en el peor reflejo de nuestra persona, acabando con nosotros mismos desde la raíz hasta las uñas quebradizas. La belleza es un concepto tan abstracto como el arte, habiendo para cada aroma y silueta un admirador y un ofensor, pero cualquier persona con un poquito de criterio comprende que el reguetón es una mierda y que el cine de ficheras fue una burla. Arte sin alma, por lo tanto no es arte sino un desmadre asqueroso y lastimero. Y cuando alguien hace brotar de entre sus vísceras alguna melodía o imagen es natural que algunos o todos traten de reproducirlo con el supuesto plan de crear algo original a partir de ello o simplemente de homenajear y deleitarnos con piezas que evoquen sensaciones similares en intensidad y ánimo, pocos lo logran, casi todos pasan del plagio a la parodia accidental. Las sexy gordas de la época dorada del cine neohispánico dejaron de parecer tan atractivas gradualmente para ser desplazadas en los mensajes publicitarios por siluetas menudas y minimalistas. Y como pasa uno de ser llenito a ser un cerdo, hay quienes pasan de estar flaquitas a dar lástima. Desconozco si la criatura que aparece en la imagen se ve/veía así por decisión propia o fue la genial sugerencia de su titiritero, de cualquier manera qué tristeza. Quienes me conocen sabrán que puedo ser algo obsesivo en ese aspecto, pero por Dios en su falaz paraíso que no me gustaría asemejarme a la aberración que muy sensualmente nos modela lencería en esta ocasión, la siguiente podría ser un ataud. Qué jodido aspecto de la raza suprema de esta esfera imperfecta, qué vergüenza ver que el nivel de progreso tan alto y tan autodestructivo está tan lejos de nuestro valor. Quizá he ido muy lejos atacando a esta mujercita, quizá no sea su culpa sino la de nosotros, pero en el instante en que vi esa figura pensé sin escape en toda la mierda que nos topamos cada día. Una cosa lleva a la otra y continua el espiral descendente.

El que quiera entender...

Es hermoso cerrar los ojos y ver el rostro de otra persona. Es hermoso abrir los ojos por la mañana y sentir el calor de su piel en la tuya. Ese instante fugaz y eterno en el que los fantasmas del pasado, del futuro y de siempre se muestran incapaces de atormentarte; ese instante mágico que inevitablemente te arranca una sonrisa y te hace estremecer hasta el alma.
Las lágrimas pueden ser dulces y no saladas si te las arranca del pecho el pensamiento de tener contigo a alguien que te aprecia, alguien que añora tus besos como tú los suyos.
Volemos sin miedo, con las alas cansadas y sucias al final del día, a ese lugar lejano y secreto donde el mundo no puede dañarnos, ese rincón en donde puedes ocultarte de tu propia sombra. El único sitio en que puedes descubrirte la piel y el alma sin miedo a ser juzgado y acusado.
En el corazón habrá siempre lugar para quienes acepten nuestras virtudes y defectos y tengan confianza para compartir los suyos. Sus caricias no son de lástima ni de burla, son de comprensión y apoyo.
El amor es cosa de dos y no hay por qué lamentarlo si lo sientes.



... Que entienda.